
Tratando de captar la esencia de lo español, de lo español de hoy en día, Woody Allen se ha quedado corto, a mi modo de ver.
La
película podría funcionar como una comedia desenfadada para ver en hora
y media y quedarte luego igual que estabas, pero creo que Allen puede,
y lo ha demostrado tantas veces, por ejemplo, en Match Point o en
Misterioso asesinato en Manhattan, dar mucho más, sobre todo cuando
cuenta con actores de la calidad de Bardem, Penélope Cruz o Johansson.
Según
mi opinión, sólo cuando aparece Penélope Cruz la película despierta
interés, su personaje nos hace meternos en la pasión, en la pasión
española.
Bardem, en la primera parte del film, no me convence
como latin lover y echo de menos las pelis americanas de los 60 con
típico o típica extranjera yanki recorriendo las playas italianas en
coche descapotable y enamorándose del playboy local.
Además,
siendo demasiado exigente, se podría decir que el lío sexual que
plantea el director está un poco trasnochado en la España del siglo
XXI, quiero decir que hoy en día a nadie le escandaliza ya que Cruz y
Johansson, sus personajes mejor dicho, terminen dándose el lote en el
cuarto de revelado de fotografía. Qué la luz roja del cuarto está muy
bien, y ellas son muy guapas, y la música interesante, pero este
tinglado no es nada nuevo y menos en el cine español. Si este film
pretende ser novedoso o transgresor, ¿qué habría que decir por ejemplo
de La ley del deseo, de Almódovar , en los años 80?
No obstante,
también hay que apuntar que se trata de un buen spot publicitario de
las ciudades de Barcelona y Oviedo, (la Sagrada familia aparece
inmensa), y un paso más en la carrera de nuestros actores españoles más
internacionales, Pe y Javier Bardem.
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