Película que toca muchos temas: la represión sexual, la libertad
política, la religión, la familia, etc, todo ello desde un ambiente
claustrofóbico, tanto física como moralmente.
Apenas con 5 personajes, Cuerda retrata una época de la sociedad española, la de la postguerra, con acierto, a mi modo de ver.
Personaje
casi principal es el diácono, interpretado magistralmente por Raúl
Arévalo, que no tiene muy clara su vocación y siente una obsesión
enfermiza por Maribel Verdú.
Esta es la matriarca de una familia
dividida en dos: el marido, Javier Cámara, es un republicano escondido
en su propia casa tras un armario camuflado, y la mujer, Verdú, tiene
que guardar las apariencias de cara al exterior, educando a su hijo en
el colegio dónde el aspirante a cura da clases.
El deseo cada vez mayor del “cura” por la mujer lleva a un desenlace trágico, que es mejor no desvelar.
Azcona firma un guión más que aceptable basado en la novela de Alberto Méndez “Los girasoles ciegos”.
El
título viene del estado en que parece encontrarse el diácono “al que no
le da el sol, la luz, y que está cegado por su deseo hacia la mujer”
Buenas
interpretaciones de todos los actores principales, también del director
espiritual o rector de Salvador (Raúl Arévalo), en su representación de
la iglesia española, y la del niño, que tiene que fingir diariamente en
el colegio por causa de la situación de su padre.
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